La vida es bestia

depresion

No movía sus pupilas de aquella pared de color blanco. Las dejaba pétreas, hacia el infinito, mientras su mente se hundía en una nieblina de la que, últimamente, apenas salía. Sentía como si una espiral, como una turbina,  le absorbiera todas las mañanas, nada más despertar,  hacia un fondo que no tenía tope.  Y no encontraba motivo para que sus ojos miraran más allá. Y no encontraba razones para que dejaran de ver la vida, su existencia, en blanco y negro.  Lo peor de todo era el amargo sabor en la boca;  la pastosidad en el paladar que le duraba horas, desde que abandonaba brevemente la cama y se encontraba con los ansiolíticos preparados al lado del desayuno. Era un sabor a derrota pura y dura.  Aquel día cogió las pastillas, fue directamente al baño y las tiró al retrete mientras pensaba que aquel paripé tenía que terminar de una vez por todas.

Todavía se oyen los lloros, todavía retumban los sollozos de su madre. Aún flota en el ambiente un dolor que no termina de consumirse y que tuvo su acto principal cuando, como todas las tardes, después de trabajar, se dirigió a la habitación de su hijo, para saludarle.

 

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s