Suerte dispar

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La calle había quedado destrozada por el bombardeo de la noche anterior. No había ninguna casa que hubiera quedado intacta; la mayoría de ellas no eran habitables. La panadería de Fidel había sido partida en dos por un obús, al igual que él y el resto de su familia. Los radares no habían detectado a los aviones alemanes y las sirenas no sonaron por la noche, con lo que nadie se había podido refugiar en los sótanos habilitados para albergar algo de vida y huir de la muerte.

La muerte…, la muerte estaba sembrada por todos y cada uno de los rincones de aquel lugar. El olor a carne quemada por el contacto con los proyectiles era nauseabundo. Apenas se oían lamentos. Quizás algún que otro quejido que era antesala de un encuentro, cara a cara, con la parca.

El taller de Paco había corrido la misma suerte. Los coches que tenía fuera aparcados, para su posterior reparación, eran ahora simples hierros retorcidos y ennegrecidos.

Para ser exactos toda la estampa tenía un cierto color gris plomo, como si se tratara de una película del cinemascope proyectada en pantalla de tela, y que a buen seguro podía albergar un trágico final.

Minutos más tarde entró el ejército nacional de forma dispersa. A medio caballo entre formación, y el libre albedrío. Casacas sucias por meses de aislamiento y el fervor de la batalla. Barbas largas, sin recortar, con aspecto grotesco, por la falta de higiene. Frentes sudorosas por el dantesco espectáculo al que asisten, y ojos, llenos de tristeza…, faltos ya de ira por una guerra a la que no encuentran sentido.

Y allí entre los amasijos de uno de los coches que Paco tenía que arreglar, el pequeño Luis escondido, con los ojos como platos y con un reguero de sangre, que le cae de un corte que se ha hecho en la cabeza, y que reza para que no le descubran porque se quiere quedar junto a Sandra, su hermana, que no ha corrido la misma suerte y ha sido aplastada por un bloque de piedra.

6 thoughts on “Suerte dispar

  1. La triste realidad de unas guerras que casi nadie entendemos y que siempre pagan los más indefensos…
    ¡Qué penoso!

    Buena entrada…

    Saludos.

  2. Qué triste…y quizás en este momento esté sucediendo algo similar. Por ley debería penarse a quienes promueven que haya Luisitos en el mundo.

    Un saludo para ti.

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