De Cadencia

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Siempre es igual.

No hay horas fijas para telefonearnos, decenas de veces, sin sentido, simplemente para oírnos la voz. Parece que nos han echado pegamento en las manos, ya que no nos soltamos ni cuando se nos cruzan las farolas,  que como setas aparecen por las calles, sorprendiéndonos en cualquier momento. Conozco al milímetro tus pupilas y cómo se contraen o expanden dependiendo de lo que sienta tu corazón. Distinguiría el sabor de tus labios entre otros mil, ya que no paramos de besarnos en cuanto hay ocasión, en cuanto nos sobran un par de segundos. Somos capaces de tirarnos un fin de semana entero en el sofá, entre las mantas, viendo películas tan aburridas que las cortamos el final mientras nos entretenemos en nuestros cuerpos. Dormimos haciendo la cuchara, abrazándonos eternamente fuerte hasta que se nos quedan los brazos tan entumecidos que parece que nos sobra uno, o que nos lo está devorando un hormiguero. Se nos llena la boca con palabras tales como cariño, amor, cielo, enana, pequeño…, y todo parece estar embargado por un sabor dulce proveniente de la fábrica de azúcar de los Osos Amorosos.

Con el paso del tiempo llegará la decadencia. Con el transcurrir de los días todo se relaja.

La cadencia de las llamadas, besos, palabras bonitas, caricias, miradas…es menor. La cama se hace ancha. Los brazos se relajan. Ahora lo que duerme es la cabeza.

2 thoughts on “De Cadencia

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