Una partida cualquiera

adados


Tú me miras, te devuelvo el vistazo

y nos jugamos a los dados quién va a dar el primer paso

en esto del amor y su irónico cachondeo

que en un futuro no muy lejano

nos dejará llorando en cualquier esquina del pensamiento.

Y con las tripas colgando y el corazón remendado

hasta que un día nos liberen de la condena

y nos saquen de la lista de ludópatas

permitiéndonos jugar de nuevo una partida.

Volveremos a apostarlo todo, sin dudar.

Y ese cosquilleo de hacer algo bueno y malo,

ese doble sabor a chocolate y nata

que acabará en un halo de melancolía

por todas las manos perdidas,

por esas veces en las que dejamos de ser el protagonista.

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