Puntas y gasolina

aacasa


Una terrible enfermedad contagiosa se está extendiendo por el planeta a pasos agigantados. Se trata de algo vírico, de una pandemia que amenaza con exterminar a la raza humana de un plumazo. Nadie sabe como se traspasa de una persona a otra, aunque los científicos…, sólo algunos científicos…, siguen en la lucha y continúan estudiando el comportamiento de los patógenos que tienen en sus tubos de ensayo.

Algunas zonas ya han sido evacuadas, aunque el pánico se ha apoderado de la gente y en todo el mundo se ha establecido la Ley Marcial. Quien más o quien menos intenta huir con rumbo desconocido, sin saber muy bien dónde refugiarse, abandonando los núcleos grandes de población…, echándose al bosque o a las montañas; aunque todo resulta inútil ya que los investigadores han llegado a la conclusión de que todos lo llevamos encima, que todos estamos contagiados y que es cuestión de tiempo el desarrollar la enfermedad.

Saqueos, asesinatos, escenas indómitas, caída de las comunicaciones, lágrimas y desesperación, muerte en cada rincón, cadáveres llenando las calles…, el auténtico fin de lo que todos conocemos, la llegada de lo que casi todos los profetas pronosticaron…Las calles se han convertido en la viva estampa del abandono y la putrefacción. La naturaleza se las está comiendo, los animales campan a sus anchas ya que no desarrollan la enfermedad.

Y mientras todo esto sucede, una mujer en Virginia está cerrando las ventanas y las puertas de su casa con unos tablones,  a un ritmo vertiginoso,  como si no quisiera que entrara en su interior ninguno de esos seres en los que se convierten las personas al morir.

Al terminar su tarea se sienta en las escaleras que dan al segundo piso. Resopla. Se quita el sudor de la frente y se lleva las manos a la cara al tiempo que se pone a llorar. Son sólo unos segundos, lo justo para tomar impulso y continuar con lo que tiene planeado. Se levanta, va a la cocina y coge una garrafa de gasolina que tiene preparada y se dirige al salón. Allí están su marido y su hijo…, infectados…, convertidos en el auténtico demonio, atados a sendas sillas…

Los empapa sin miramientos. Hace lo mismo consigo misma y acciona el encendedor. Duda unos instantes aunque al final prende fuego a su familia primero y luego sin que la tiemble el pulso hace lo mismo consigo misma.

No tenía miedo a que entrara nadie más.  Tenía miedo a lo que pudiera salir de su casa.  Tenía miedo a  en  que se pudieran convertir, a no poder soportar aquella nueva realidad que se estaba extendiendo de forma vertiginosa.

One thought on “Puntas y gasolina

  1. Apocalipsis Zombie,

    Millones de historias marcadas por un evento que sobrepasa al ser humano.

    Momentáneamente sacude los cimientos de tu vida, si logras sobrevivir…¿Qué resultados tendrá? ¿Hacia dónde te dirigirás?

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